Y este es el momento que he estado esperando. Justo aquí, justo ahora. Por fin sabré lo que toda mi vida quise saber.
Ha llegado mi hora; los recuerdos pasan rápidamente ante mis ojos. Disfruto todos y cada uno de ellos. Siento la cabeza extraña, ¿será porque mi cerebro hace todo lo posible por presentarme un bello espectáculo como éste? Es algo que sólo disfrutas una vez en la vida, aunque no sé si estoy vivo.
Los nervios hacen que sienta un cosquilleo en mi estómago. ¿Qué pasará? ¿Veré el Paraíso o el Infierno como afirma la religión? ¿Llegaré a la nada y viviré en el vacío para siempre? ¿O tal vez no sabré nada y mi mente se perderá, como si nunca hubiese existido? Todos estos enigmas se resolverían en unos instantes.
Comenzaba a perder el conocimiento, mi cuerpo se sentía tan ligero como una hoja navegando por el río. No sentía mis piernas, mis manos perdían todo tipo de fuerza y cada vez me costaba más respirar. Los recuerdos seguían pasando, volviéndose más antiguos. Llegó mi favorito: mi esposa en su hermoso vestido de novia entraba a la iglesia, donde la esperaba en el altar. Es el momento más hermoso de mi vida. Nunca se vio más hermosa.
Aquí estaba junto a mí. Lloraba mientras apretaba fuertemente mi mano, rogándole a Dios que me diera otra oportunidad. Corazón, ya llegó mi hora. Dios ya ha hecho mucho por mí, no te preocupes, acéptalo. Seguiré amándote no importa lo que me pase en el más allá. No sé que me pasará, pero no importa, ten por seguro que te cuidaré desde donde esté. Te amo, mi amor, nunca lo olvides.
El último recuerdo pasa frente a mí. Soy yo saliendo del vientre de mi madre. Alguna vez escuché que si la luz al final del túnel que vemos al morir sólo es este recuerdo, significa que la muerte es un nuevo nacimiento. Espero tenga razón. La luz brilla con una gran intensidad… Todo comienza oscurecerse, la vista se me nubla, la respiración se vuelve más pesada, el llanto de mi mujer se escucha cada vez más lejano… Un dolor en el pecho, doy un último suspiro…
Aquí estoy, sentado junto a mi mujer. Ella duerme tranquilamente, no quiero hacer ningún ruido para despertarla. Acaricio su cabello, tan sedoso como siempre; mis manos recorren su suave piel; me acerco a ella, su tierno rostro me provoca darle un delicado beso en la frente. Ella sonríe, ¿me habrá sentido? Tal vez, espero que sí.
Se acerca la hora de despertar, su reloj suena siempre a la misma hora, así que debo irme; sólo puedo verte mientras duermes y mi tiempo de visita se agota. Vendré a visitarte esta noche, no te preocupes. Y así, despliego mis alas y me voy.
(Título tomado de una canción de The Beatles)