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06 diciembre 2016

María



Odiaba el inicio de su libro favorito. Le parecía irónico, pero no podía evitar sentirse identificado con ello. Por esta razón lo leía una y otra vez.
          “Ya no intentaba evocar su recuerdo”.
           Y lo peor era que ni siquiera lo intentaba. Su recuerdo seguía ahí, siempre presente, quemándole el fondo de su mente, anudándole el estómago y apretándole el corazón.
          El tiempo había pasado desde la última vez que la vio. Se había cruzado en su camino casualmente, y ambos se miraron por unos segundos. Él recurrió a la vieja táctica de voltear la mirada, y fue cuando finalmente lo entendió: ocurrió lo que nunca quiso que pasara; lo que años atrás se prometieron ahí se quedó, atrás. Más que un baño de agua helada, él sintió como si sus pulmones hubieran perdido todo el aire acumulado.
          Ya eran dos extraños. Dos extraños que en otro momento compartieron todo. Dos extraños que se juraron siempre estar juntos, sin importar qué, para apoyarse mutuamente.
          Ese casual cruce de miradas demostró lo evidente: estaban lejos, y se habían perdido ya. Y él se odia constantemente por ello y se pregunta si ella también se siente igual. Aun así, en el fondo, no quiere saber la respuesta.
          Ella ya no está ahí.
          Y él sólo quiere verla una vez más.


Título de una canción de La Oreja de Van Gogh .