Páginas

14 diciembre 2017

III - Otoño



“My thoughts will echo your name until I see you again”
– Enchanted, Taylor Swift

Cuando alguien le preguntaba cuál era su estación favorita del año, él contestaba casi inmediatamente: el otoño. Todo sobre él era perfecto: el fresco clima, las hojas amarillentas que caían sin cesar y su peculiar crujido al caminar sobre ellas, las festividades otoñales como el día de brujas... Le encantaba todo sobre él. Lástima que ese amor no pudiera mejorar lo que estaba a punto de hacer.
         El árbol, no, su árbol había adquirido tonos amarillos y naranjas que lo hacían resaltar más que en otra época del año, y estaba seguro de que se veía más alto que antes. Sí creció como nuestro amor, pensó. Esto lo hizo reír por un momento, pues siempre se avergonzaba de su bobo acto de amor, pero no se arrepentía de ello.
         Conforme se fue acercando, notó que ella ya estaba ahí. Aunque la vio desde lejos, sabía que lucía tan hermosa como siempre. Si algo amaba en particular de los climas fríos eran los atuendos que usaba su chica; los gorritos y los suéteres la hacían lucir más linda de lo que ya era, y ese día no era la excepción. Cuando se encontraron le dio un tierno beso en la mejilla y otro en los labios, y ella le sonrió como sólo ella sabía hacerlo.
         Se sentaron un momento bajo el árbol, mientras él procesaba mentalmente todas las posibles maneras de contarle por qué la había citado ese día. No acostumbraba a guardarle secretos, y podía asegurar que había sido tan abierto con ella tanto como le fue posible, pero esta fue una excepción necesaria. Lo gracioso era que se sentía culpable, aunque en realidad no fuera algo malo.
         Finalmente suspiró y comenzó a explicarle. Ella lo escuchaba con atención y genuina curiosidad, pues desconocía por completo la situación. Él le contó todo, cómo estaba a punto de terminar sus estudios y se dio la tarea de investigar posgrados; cómo había enviado solicitudes a diferentes universidades, aunque se sentía inseguro al hacerlo; y también cómo lo rechazaron de varias de ellas. No obstante, también le contó cómo una de ellas se interesó en él y lo entrevistaron en persona. Explicó que le había mentido sobre esa entrevista, pues él le había dicho a ella que saldría unos días de la ciudad para visitar a un familiar enfermo. Concluyó diciéndole que lo habían aceptado en el programa y debía estar el invierno próximo en la universidad para un curso introductorio.
         En cuanto terminó, ella sonrió y unas cuantas lágrimas alcanzaron a asomarse al exterior. Lo abrazó y lo besó, y le dijo incansablemente lo emocionada y orgullosa que se sentía por él. Le dijo que era un hombre listo y que podía con cualquier cosa, y que seguramente sería el mejor del programa.
         El sonrió y sintió una calidez en el pecho tan gratificante que la abrazó con fuerza y le dijo cuánto la amaba. Le confesó también que estaba muy nervioso de contarle la verdad, porque sentía que había traicionado su confianza. Ella lo interrumpió diciéndole que era por una buena causa, y que le deseaba lo mejor.
Al final, ella agregó que, aunque estuvieran lejos, ella lo esperaría pacientemente porque él era el hombre para ella. Él le prometió regresar tan pronto como pudiera, y visitarla tanto como se le permitiera. La llamaría a diario y esperaría con ansias el volverla a ver. Después de eso, estarían juntos por el resto de sus vidas.
         En el fondo, él lo sabía. También sabía que, sin lugar a duda, él era el hombre más afortunado en el mundo.