“My thoughts will echo your name until I see you again”
– Enchanted,
Taylor Swift
Cuando alguien le preguntaba cuál
era su estación favorita del año, él contestaba casi inmediatamente: el otoño.
Todo sobre él era perfecto: el fresco clima, las hojas amarillentas que caían
sin cesar y su peculiar crujido al caminar sobre ellas, las festividades
otoñales como el día de brujas... Le encantaba todo sobre él. Lástima que ese
amor no pudiera mejorar lo que estaba a punto de hacer.
El
árbol, no, su árbol había adquirido tonos
amarillos y naranjas que lo hacían resaltar más que en otra época del año, y estaba
seguro de que se veía más alto que antes. Sí
creció como nuestro amor, pensó. Esto lo hizo reír por un momento, pues
siempre se avergonzaba de su bobo acto de amor, pero no se arrepentía de ello.
Conforme
se fue acercando, notó que ella ya estaba ahí. Aunque la vio desde lejos, sabía
que lucía tan hermosa como siempre. Si algo amaba en particular de los climas
fríos eran los atuendos que usaba su chica; los gorritos y los suéteres la
hacían lucir más linda de lo que ya era, y ese día no era la excepción. Cuando
se encontraron le dio un tierno beso en la mejilla y otro en los labios, y ella
le sonrió como sólo ella sabía hacerlo.
Se
sentaron un momento bajo el árbol, mientras él procesaba mentalmente todas las
posibles maneras de contarle por qué la había citado ese día. No acostumbraba a
guardarle secretos, y podía asegurar que había sido tan abierto con ella tanto
como le fue posible, pero esta fue una excepción necesaria. Lo gracioso era que
se sentía culpable, aunque en realidad no fuera algo malo.
Finalmente
suspiró y comenzó a explicarle. Ella lo escuchaba con atención y genuina curiosidad,
pues desconocía por completo la situación. Él le contó todo, cómo estaba a punto
de terminar sus estudios y se dio la tarea de investigar posgrados; cómo había
enviado solicitudes a diferentes universidades, aunque se sentía inseguro al hacerlo;
y también cómo lo rechazaron de varias de ellas. No obstante, también le contó
cómo una de ellas se interesó en él y lo entrevistaron en persona. Explicó que
le había mentido sobre esa entrevista, pues él le había dicho a ella que
saldría unos días de la ciudad para visitar a un familiar enfermo. Concluyó
diciéndole que lo habían aceptado en el programa y debía estar el invierno próximo
en la universidad para un curso introductorio.
En
cuanto terminó, ella sonrió y unas cuantas lágrimas alcanzaron a asomarse al
exterior. Lo abrazó y lo besó, y le dijo incansablemente lo emocionada y orgullosa
que se sentía por él. Le dijo que era un hombre listo y que podía con cualquier
cosa, y que seguramente sería el mejor del programa.
El
sonrió y sintió una calidez en el pecho tan gratificante que la abrazó con
fuerza y le dijo cuánto la amaba. Le confesó también que estaba muy nervioso de
contarle la verdad, porque sentía que había traicionado su confianza. Ella lo
interrumpió diciéndole que era por una buena causa, y que le deseaba lo mejor.
Al final, ella
agregó que, aunque estuvieran lejos, ella lo esperaría pacientemente porque él
era el hombre para ella. Él le prometió regresar tan pronto como pudiera, y visitarla
tanto como se le permitiera. La llamaría a diario y esperaría con ansias el volverla
a ver. Después de eso, estarían juntos por el resto de sus vidas.
En
el fondo, él lo sabía. También sabía que, sin lugar a duda, él era el hombre
más afortunado en el mundo.